Introducción de vuelo en Ecuador
Con la llegada del primer avión al Ecuador en 1917, denominado “Patria I”; nace la intención del personal de la entonces Marina de Guerra Ecuatoriana de contar con aeronaves propias; razón por la cual se toma la decisión de realizar colectas nacionales buscando la compra de un avión y posteriormente la formación de pilotos militares.
Estos sucesos, abrirían el camino para que el 27 de octubre de 1920 el presidente de la República de aquel entonces, Dr. José Luis Tamayo, gestionara ante el Congreso Nacional la emisión de un Decreto Ejecutivo para la formación y posterior creación de la Escuela de Aviación en Guayaquil, teniendo como principal oferta la preparación en materia de aviación para Oficiales y Cadetes del Ejército, Marina, incluyendo también a personas particulares interesadas.
Esta escuela, que posteriormente se denominaría Escuela de Aviación Militar “El Cóndor”, funcionó en el cantón Durán, donde se constituyó como el primer Recinto Naval, Militar y Aéreo en la historia del Ecuador, con el objetivo de entregar pilotos militares para las Fuerzas Armadas. Este proyecto toma importancia a partir del 15 de julio de aquel año, fecha en la cual se inician los cursos teóricos y prácticos.
Dentro de los alumnos de esta escuela, se encontraban algunos oficiales de la Armada, como el caso del TNFG Teodoro Brito y el Ingeniero Luís Eloy Jarrín, quienes provenían del Crucero Cotopaxi e ingresaron a la Escuela de Aviación Militar donde permanecieron en el curso por cierto tiempo, sin embargo, debido a problemas institucionales con el profesorado italiano tuvieron que retirarse sin obtener ningún título.
El primer Piloto Naval ecuatoriano y la llegada de los hidroaviones "Catalina"
Con la Declaración de Santiago suscrita el 18 de agosto de 1952, entre las naciones de Chile, Perú y Ecuador. Los países firmantes, adoptaron medidas para la aprehensión de buques de bandera extranjera que sin previa autorización realizaban actividades de pesca en sus respectivas zonas marítimas. Esta suscripción, que aumentaba el área de responsabilidad marítima que ya tenía el Ecuador, repercutió fuertemente en la Armada, al contar por aquella época únicamente con medios a flote para ejecutar tareas de vigilancia y control. Dicha necesidad, motivó la adquisición de dos hidroaviones bimotores PBY “Catalina”, con capacidad de patrullaje marítimo para doce horas y con características anfibias; los cuales una vez arribados al país fueron empleados durante la Guerra del Pacífico.
Considerando la Armada que estas aeronaves serían voladas por su personal, envía al ALFG Enrique García Abad (oficial recién graduado de la Escuela Naval de Annapolis) al centro de entrenamiento de la Aviación Naval en Pensacola, Estados Unidos; lugar donde en octubre de 1955, recibe sus alas doradas, una vez finalizado el proceso de calificación y habilitación; convirtiéndose de esta manera en el Primer Piloto Naval del Ecuador. La Armada finalmente luego de un tiempo, traspasa estas aeronaves a la Fuerza Aérea, debido a la ausencia total de infraestructura, la falta de recursos económicos y el escaso número de pilotos navales.
Para 1957, la Armada ante las necesidades operativas existentes, especialmente para el patrullaje marítimo, efectúa nuevos intentos de contar con una aviación propia. Sin embargo, esta aspiración no logra consolidarse por los problemas económicos persistentes en la época, y la negativa total de la Fuerza Aérea para que la Armada tenga sus propias unidades aéreas. A finales de este año, la Fuerza Naval realiza las primeras maniobras conjuntas con la Fuerza Terrestre y Aérea en alta mar, siendo aquí donde se logra evidenciar la incapacidad de la Fuerza Aérea para operar conjuntamente con las demás fuerzas militares, debido a la falta de familiarización de sus pilotos y las limitaciones de las aeronaves para ejecutar vuelos sobre el mar. Se confirma entonces que el Piloto Naval debe tener una preparación muy particular y con mayor especificidad en el ámbito marítimo, generando nuevamente en la Armada del Ecuador la necesidad de contar con una aviación propia.




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